Un oncologo que no calienta el sillón

Javier Herráez es un médico oncólogo valiente que no calienta el sillón y se preocupa por solucionar las enfermedades de sus pacientes buscando las mejores opciones de sanación. Empezó dando medicina natural a sus pacientes en el hospital, pero misteriosamente desaparecían los expedientes de las personas que trataba con esta medicina, es por esto y por las trabas que le ponian para atender a sus pacientes con medicina natural, por la que se vio obligado a dimitir.

En el presente video reportaje el Dr. Javier nos expone sus experiencias negativas con la quimioterapia y los protocolos actuales de la medicina farmacológica. Por otro lado nos expone las experiencias positivas de curación de cáncer con medicina holística, de la cual se ha hecho profesional y los distintos tratamientos naturales para el cáncer profundizando en la medicina germánica de Hamer; esta medicina es muy usada por los judíos para tratar el cáncer con altos resultados de sanación.

Por otro lado creemos que hay muchos médicos que saben los buenos resultados de la medicina natural pero por miedo a que los despidan, siguen calentando el sillón, ejecutando los protocolos que les dictamina las farmacéuticas.

Para todos ellos le recordamos el juramento hipocrático que hicieron y les sugerimos que aboguen por integrar la medicina holística gratuita. La mayoría de las veces tener la conciencia tranquila es más importante que un buen sueldo. También es posible reconvertirse e integrar las dos medicinas, tal y como ha hecho el Dr. Javier Herráez.

Juramento hipocrático

Juramento hipocrático

JURO por Apolo, médico, por Asclepio, y por Higía y Panacea, y por todos los dioses y diosas del Olimpo, tomándolos por testigos, cumplir este juramento según mi capacidad y mi conciencia:

TENDRÉ al que me enseñó este arte en la misma estimación que a mis padres, compartiré mis bienes con él y, si lo necesitara, le ayudaré con mis bienes. Consideraré a sus hijos como si fueran mis hermanos y, si desean aprender el arte médico, se lo enseñaré sin exigirles nada en pago. A mis hijos, a los hijos de mi maestro y a los que se obligaran con el juramento que manda la ley de la Medicina, y a nadie más, les enseñaré los preceptos, las lecciones y la práctica.

APLICARÉ mis tratamientos para beneficio de los enfermos, según mi capacidad y buen juicio, y me abstendré de hacerles daño o injusticia. A nadie, aunque me lo pidiera, daré un veneno ni a nadie le sugeriré que lo tome. Del mismo modo, nunca proporcionaré a mujer alguna un pesario abortivo.

VIVIRÉ y ejerceré siempre mi arte en pureza y santidad. No practicaré la cirugía en los que sufren de cálculos, antes bien dejaré esa operación a los que se dedican a ella. Siempre que entrare en una casa, lo haré para bien del enfermo. Me abstendré de toda mala acción o injusticia y, en particular, de tener relaciones eróticas con mujeres o con hombres, ya sean libres o esclavos.

GUARDARÉ silencio sobre lo que, en mi consulta o fuera de ella, vea u oiga, que se refiera a la vida de los hombres y que no deba ser divulgado. Mantendré en secreto todo lo que pudiera ser vergonzoso si lo supiera la gente.

SI FUERA FIEL a este juramento y no lo violara, que se me conceda gozar de mi vida y de mi arte, y ser honrado para siempre entre los hombres. Si lo quebrantara y jurara en falso, que me suceda lo contrario.

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