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El negocio de especular con los alimentos

El negocio de especular con los alimentos
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Tras décadas de culpabilizar, tan solo, al medio ambiente y a los conflictos armados de las crisis humanitarias que sufre el continente africano, los expertos comienzan también a exigir responsabilidades al mercado financiero

 ¿Cuánto cuesta alimentar un estómago? ¿Y un fondo de inversión? Según un reciente informe del Institute for Development Studies y Oxfam, ante el incremento en el precio de los alimentos, la población de los países en vías de desarrollo no solo cambia o reduce su dieta, también es más propensa a involucrarse en ocupaciones de mayor riesgo (pero mejor pagadas), como la minería o la prostitución.

De igual modo, en el estudio «Exprimido», se denuncia cómo el aumento de la tensión en las familias provocada por una menor capacidad adquisitiva desemboca en mayor violencia doméstica y abuso de alcohol o drogas.

Quizá no sea tan extraño. Es el precio del «progreso», de la lucha constante por frenar la miseria humana, las hambrunas y las catástrofes humanitarias. Pero, ¿y si este incremento en el precio de los alimentos fuera provocado y no se debiera tan solo a la simple causalidad natural?

Como destaca el profesor Yaneer Bar-Yam, del Instituto estadounidense de Sistemas Complejos (Necsi), dos factores son determinantes para entender las actuales crisis humanitarias del continente africano. Por un lado, el creciente peso de la industria de los biocombustibles en la región y, por el otro, la aparición de especuladores financieros en el mercado de las materias primas.

En el primero de los casos, las cifras no son menores. Según un reciente informe de la plataforma EuropAfrica-FIAN, actualmente, el 66% de las apropiaciones de tierra agrícolas en África(unos 18,8 millones de hectáreas) se destinan a la producción de biocarburantes, en lugar de alimentos.

Para muestra, un botón. En los últimos tiempos, el Gobierno de Etiopía se ha embarcado en una campaña para reubicar -de forma forzosa- a más de 1,5 millones de habitantes de la región de Gambella. ¿El interés? Subastar sus tierras para la producción de biocombustibles.

Aunque no culpen tan solo a la clásica gula dictatorial. Un estudio del Instituto Oakland, un «think-tank» con sede en Estados Unidos, revelaba cómo el precio del arrendamiento en esta zona se había disparado, en solo dos años, hasta en un 400%. Y con 3,5 millones de hectáreas para repartir entre los inversores extranjeros, el pastel económico es más que apetitoso.

Como asegura Bar-Yam, cuando se trata de comida, nuestra fe en los mercados depende de «su capacidad para equilibrar la oferta y la demanda» en los precios que benefician a los agricultores, garantizando al mismo tiempo el mayor número de personas que pueden permitirse el lujo de comer.

Sin embargo, en pasadas «burbujas», buena parte de las cosechas se apilaba en silos de grano, porque era demasiado cara para ser adquirida por los consumidores. Esta acumulación de grano, finalmente, «revienta las burbujas» después de un año o más – el tiempo transcurrido entre las cosechas, destaca el experto.

Su autoridad no es menor. En los últimos años, este físico ha revolucionado el estudio de las crisis humanitarias al añadir nuevas perspectivas a su análisis, como las matemáticas o la informática.

Para Bar-Yam, se acabó culpabilizar -tan solo- a las sequías o al medio ambiente de la hambruna, es hora de exigir responsabilidades también al mercado. Y, lo cierto, es que la inocencia del reo está aún por demostrar.

Productos básicos

Si nos atenemos a cifras del Banco Mundial, solo en 2011 y en términos globales, los precios de los alimentos se incrementaron un promedio de un 33% con respecto al año anterior. Durante ese periodo, en el continente africano, el coste del azúcar aumentó en un 62%, mientras que el del trigo en un 55%.

Especialmente significativo es el caso del maíz -indispensable en la dieta y economías locales-, cuyo coste se duplicó en, por ejemplo, Uganda, Ruanda, Somalia y Kenia.

Todo ello, en una región que en 2011 vivió una de sus peores crisis alimentarias de la última década y cuyos cultivos parecen tomados ahora por los especuladores.

El caso no es nuevo. En 2008, durante una declaración en el Senado de Estados Unidos, Mike Masters, fundador de Masters Capital Management, ya advirtió que cerca del 70-80% de los dividendos generados por el negocio de la compra y venta de alimentos correspondía a la especulación. Dos años después, el fondo de inversiones británico Armajaro adquiría cerca de 240.000 toneladas de cacao -más del 7%, de las reservas mundiales- lo que posibilitó que el precio del café subiera en cerca del 20% en sólo tres días.

Aunque siempre será más fácil culpar a la sequía.

Fuente: ABC

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