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Soluciones Naturales

El montaje del colesterol 2

Ya hemos publicado varios artículos sobre el colesterol, pero queremos aumentar la información que ofrecimos en un artículo anterior muy completo sobre  este montaje, con dos videos y tres artículos unidos en uno, que nos explican lo mismo pero con otras palabras, pruebas y perpectivas.

EL GRAN ENGAÑO DEL COLESTEROL!!! -DR. DWIGHT LUNDELL

M.D. – Stephen Barrett, M.D.

Nosotros, los médicos, con toda  nuestra formación, los conocimientos y la autoridad que uno va adquiriendo, tendemos a aumentar nuestro ego y difícilmente admitimos que nos hemos equivocado. Y sin embargo, tengo que confesar que me he equivocado. Como cirujano del corazón, con 25  años de experiencia, con más de 5000 cirugías realizadas de corazón abierto, hoy ha llegado el momento de reparar el daño mediante los  hechos médicos y científicos. He estado formando durante muchos años a otros médicos, de esos a los que luego se etiqueta como ”formadores de opinión”. 

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Asediados por la literatura científica, asistiendo de forma continua a seminarios, los creadores de opinión han insistido en que las enfermedades coronarias son el resultado del simple hecho de tener unos niveles de colesterol muy elevados en sangre. La única terapia aceptada ha sido la de prescribir medicamentos para bajar el colesterol y una dieta muy restringida en grasas. Un menor consumo de grasas traería consigo una disminución en la cantidad de colesterol y se reducirían las enfermedades  coronarias.

Cualquier desviación de estas recomendaciones se  consideraba una herejía y daba lugar a la realización de malas prácticas médicas. ¡Pero no está funcionado! Estas recomendaciones no son ni científicamente ni moralmente defendibles. El descubrimiento hace unos años de que es la inflamación en la pared arterial la causa real de la enfermedad cardíaca, es lo que poco a poco está dando lugar a un cambio de paradigma en la forma en que son tratadas las enfermedades cardíacas y otras dolencias crónicas. Las recomendaciones dietéticas establecidas desde hace mucho tiempo han provocado epidemias de obesidad y de diabetes, consecuencias que empequeñecen cualquier otra plaga histórica en términos de mortalidad, sufrimiento humano y de graves consecuencias económicas.

A pesar de que el 25% de la población toma costosos  medicamentos a base de estatinas, y a pesar del hecho de que hemos reducido la cantidad de grasa presente en nuestra dieta, cada vez mueren más personas por enfermedades que afectan al corazón. Las estadísticas de la American Heart Association indican que 75 millones de estadounidenses sufren enfermedades cardíacas, que 20 millones padecen diabetes y 57 millones  pre-diabetes. Estos trastornos afectan cada vez a personas más  jóvenes, en mayor número cada año. En pocas palabras, sin la inflamación corporal no es posible que se acumule el colesterol en las paredes de los vasos sanguíneos y se causen de este modo enfermedades cardíacas y apoplejías. Sin inflamación, el colesterol se mueve libremente por todo el cuerpo; es la inflamación lo que hace que el colesterol quede atrapado. La inflamación no es un proceso complejo, se trata simplemente de una reacción natural del cuerpo ante invasores extraños, tales como bacterias, toxinas o virus. El ciclo inflamatorio es una forma de proteger al cuerpo ante invasores bacterianos y virales. Sin embargo, si se expone de forma crónica a nuestro organismo a toxinas o alimentos que el cuerpo  humano no está preparado para procesar, se produce entonces una inflamación crónica. La inflamación crónica es tan dañina como beneficiosa una inflamación aguda.

¿Qué persona sensata se expondría de forma intencionada en repetidas ocasiones a alimentos u otras sustancias que sabe le causan daño corporal? Bueno, quizás los fumadores, pero al menos se trata de una decisión voluntaria. El resto nos limitamos a seguir la dieta recomendada, baja en grasas y alta en grasas poliinsaturadas y carbohidratos, sin saber que estamos causando repetidas agresiones a nuestros vasos sanguíneos. Esta agresión repetida produce una inflamación crónica que conduce a la enfermedad cardíaca, a los accidentes cerebro vasculares, a la diabetes y la  obesidad.

Permítanme que se lo repita: la lesión e inflamación de nuestros vasos sanguíneos está causada  por una dieta baja en grasas, algo recomendado durante años por la medicina convencional. ¿Cuáles son los mayores culpables de la inflamación crónica? En pocas palabras, la sobrecarga de hidratos de  carbono simples y alimentos muy procesados (azúcar, harina y todos  los productos derivados) y un exceso de consumo de aceites vegetales  con omega-6, tales como aceites de soja, maíz y girasol, que se encuentran presentes en muchos alimentos procesados.

Visualice lo siguiente: un cepillo duro que repetidamente se frota sobre la piel hasta que ésta enrojece y sangra, esto durante varias veces al día, así diariamente durante 5 años. Si se tolerase este cepillado, se produciría  sangrado, hinchazón de la zona afectada, que cada vez sería peor a medida que repite la agresión. Esta es una buena forma de visualizar el proceso inflamatorio, y es lo que podría estar pasando en su cuerpo ahora mismo. Independiente de dónde se produzca el  proceso inflamatorio, bien interna o externamente, es lo mismo. He  observado el interior de miles y miles de arterias. Una arteria  enferma se ve como si alguien hubiese cogido un cepillo y lo hubiese frotado varias veces contra las paredes. Varias veces al día, todos los días, los alimentos que comemos producen pequeñas lesiones, sobre las que se producen otras, de modo que es la causa de que nuestro cuerpo responda de forma continua con inflamación.

A  pesar de que resulta tentador saborear los dulces, nuestros cuerpos responden de forma alarmante, como si un invasor extraño nos  declarase la guerra. Los alimentos están cargados de azúcar, carbohidratos simples, o procesados con omega-6, uno de los pilares  de la dieta norteamericana durante varias décadas. Estos alimentos nos envenenan lentamente a todos. ¿Cómo un simple dulce produce una cascada de inflamaciones que hace que el cuerpo enferme? Imagínese que rocía el teclado con miel; esto es una  representación visual de lo que ocurre dentro de la célula. Cuando  consumimos hidratos de carbono simples, tales como el azúcar, los  niveles de azúcar en la sangre se elevan rápidamente. Como respuesta, el páncreas segrega insulina, cuya misión principal es  que el azúcar llegue a todas las células donde se almacena la energía. Pero si la célula está llena, si no necesita más glucosa,  se rechaza el exceso para evitar una disfunción de los procesos que  se llevan a cabo en su interior. Cuando las células rechazan el  exceso de glucosa, se elevan los niveles de azúcar en sangre, aumentando la producción de insulina, y se almacena en forma de  grasa.

¿Qué tiene que ver todo esto con la inflamación? La cantidad  de azúcar en sangre se controla entre unos valores máximos y mínimos  muy estrechos. Las moléculas de azúcar se unen a una amplia variedad de proteínas, que lesionan las paredes de los vasos sanguíneos. Esta lesión repetida de las paredes de los vasos sanguíneos desencadena la inflamación. Cuando sube el nivel de azúcar en sangre varias veces al día, todos los días, es como frotar con papel de lija el  delicado interior de los vasos sanguíneos. Si bien no puede  observarlo, puede estar seguro de que ocurre así.

Lo he visto en más  de 5000 pacientes sometidos a cirugía durante los 25 años que llevo  ejerciendo. Todos ellos tenían un denominador común: la inflamación de las arterias. Volvamos al asunto de los dulces. Bajo su inocente aspecto, no sólo contienen azúcar, sino que también estás elaborados  con ácidos grasos omega-6, tales como los provenientes de la soja. Las patatas fritas se fríen con aceite de soja, muchos alimentos  procesados se fabrican con ácidos grasos omega-6, para que así  tengan más larga duración. Mientras que las grasas omega-6 son  esenciales al formar parte de la membrana celular, y así controlar  lo que entra y sale de la célula, deben estar en un equilibrio adecuado con los omega-3.Si este equilibrio se rompe por el consumo excesivo de ácidos grasos omega-6, la membrana de la célula produce  unas sustancias químicas denominadas citoquinas, que causan directamente inflamación.

Hoy en día, la dieta suele producir  un desequilibrio muy grande entre estos dos tipos de ácidos grasos. La relación de desequilibrio puede estar en torno de 15:1, o incluso de 30:1 en favor de los ácidos grasos omega-6. Esto produce una enorme cantidad de citoquinas que causan la inflamación. Lo ideal sería una proporción de 3:1 para que fuese saludable. Para empeorar aún más las cosas, el sobrepeso produce una sobrecarga de  células grasas que vierten grandes cantidades de productos químicos pro-inflamatorios, lo que se suma a las lesiones causadas por los  altos niveles de azúcar en sangre. El proceso que comenzó  consumiendo productos dulces se convierte en un círculo vicioso que  con el tiempo genera una enfermedad cardíaca, elevada presión  arterial, diabetes, y por último, Alzheimer, si el proceso inflamatorio no disminuye.

No se puede olvidar el hecho de que cuanto más se consumen alimentos procesados, más se dispara la inflamación, un poco cada día. El cuerpo humano no puede procesar, ni fue diseñado para consumir, los alimentos envasados con azúcar y preparados con ácidos grasos omega-6. No hay otra solución para disminuir la inflamación que consumir los alimentos lo más cercano posible a su estado natural. Para reconstruir un músculo, se deben  consumir más proteínas. Para energía elija carbohidratos complejos, tales como los presentes en frutas, verduras y granos integrales. Reduzca o elimine el consumo de los ácidos grasos omega-6, tales como el aceite de maíz y soja, y los alimentos procesados que se han elaborado con estos aceites. Una cucharada de aceite de maíz contiene  7,280 mg de ácidos grasos omega-6; la soja 6,949 mg. En su lugar, utilice  aceite de oliva o mantequilla, procedente de animales alimentados con pasto. Las grasas animales contienen menos del 20% de omega-6 y son mucho menos propensas a producir inflamación que los aceites poliinsaturados, de los que se dicen que son  supuestamente saludables. No es cierto que las grasas saturadas  produzcan enfermedades cardíacas.

Tampoco aumentan en exceso los  niveles de colesterol en la sangre. Ahora sabemos que el colesterol no es la causa de la enfermedad cardíaca, así que la preocupación por las grasas saturadas resulta absurda hoy en día. La teoría del  colesterol llevó a recomendar alimentos sin grasa, con pocas  calorías, lo que trajo consigo el consumo de otros alimentos que han  causado esta epidemia de inflamaciones.

La medicina convencional cometió un tremendo error cuando aconsejó a la gente que evitara las  grasas saturadas en favor de los alimentos ricos en ácidos grasos omega-6. Ahora tenemos una epidemia de inflamación de las arterias, que conduce a enfermedad cardíaca y otras muertes  silenciosas. Lo que usted puede hacer es consumir alimentos integrales, de los que su abuela sabía, y no esta moda de consumir tantos alimentos procesados. Eliminando los alimentos que  producen inflamación y añadiendo los nutrientes esenciales presentes  en los alimentos frescos no elaborados, se revertirían los daños en  las arterias y en todo su cuerpo.

Fuente: pedromogna.com

La lucha contra la grasa saturada puede haber sido el mayor error en la historia de la nutrición.

La reducción del consumo de grasa animal y colesterol ha disparado la cantidad de muchas enfermedades graves, según el portal ‘Authority Nutrition’.

Estudios realizados en las últimas décadas aportan pruebas concluyentes de que ni las grasas saturadas ni el colesterol dietético causan daños en los seres humanos. El portal ‘Authority Nutrition’ presenta 6 grafícos con los que pretende demostrar lo perjudicial que ha sido aconsejar a las personas que reduzcan el consumo de grasa animal.

1. Más grasa, menos enfermedades
¿Alguna vez han oído hablar de ‘la paradoja francesa’?  Es una frase que se utiliza para describir el hecho aparentemente ‘paradójico’ de que los franceses tienen un bajo riesgo de contraer enfermedades del corazón, pese a que entre ellos predomina una dieta alta en grasas saturadas.

En este gráfico desarrollado por el doctor sueco Andreas Eenfeldt se aborda la paradoja europea, donde no se percibe que exista una correlación entre el consumo de grasas saturadas y las muertes por enfermedades del corazón en diferentes países de Europa.

Resulta que los países que comen más grasas saturadas tienen un menor riesgo de morir por enfermedades del corazón. La razón de esto sería sencilla: las grasas saturadas no tienen nada que ver con las enfermedades cardiovasculares. No sería una paradoja, sino simplemente un mito, afirma el portal.

2. Dieta baja en grasa y la epidemia de obesidad
En 1977 se recomendó a todos los estadounidenses la dieta baja en grasas. Paradójicamente, fue entonces cuando empezó la epidemia de obesidad.

Aunque este gráfico, desarrollado por el Centro Nacional para Estadísticas de Salud de EE.UU. no prueba nada (correlación no corresponde a causalidad), sí que tiene sentido, porque la gente empezó a abandonar los alimentos tradicionales como la mantequilla para reemplazarlos por alimentos procesados bajos en grasa, pero con alto contenido de azúcar.

Desde entonces, se han llevado a cabo muchos estudios a gran escala sobre la dieta baja en grasa que muestran claramente que este tipo de dieta no ayuda a perder el peso y que tienen un efecto nulo en el tratamiento de enfermedades cardiovasculares a largo plazo. A pesar de los malos resultados de los estudios, esta dieta sigue siendo recomendada por las organizaciones de nutrición en todo el mundo.

3.  Dietas altas en grasas, más pérdida de peso
Si la grasa animal es tan dañina como dicen, entonces las dietas que contienen una gran cantidad de ella deben engordar y afectar la salud. Sin embargo, el estudio publicado en la revista ‘The Journal of Clinical Endocrinology & Metabolism’ en 2003 no apoya esta hipótesis.

El gráfico mostró que las mujeres que consumen una dieta baja en hidratos de carbono pero alta en grasas perdieron más del doble de peso que las mujeres que seguían una dieta restringida en calorías baja en grasa. La verdad es que las dietas con alto contenido graso (pero bajas en hidratos de carbono) conducen sistemáticamente a resultados mucho mejores que las dietas altas en hidratos de carbono y bajas en grasas, según ‘Authority Nutrition’ .

Además, no solo ayudan a perder peso, sino que también dan lugar a grandes mejoras para reducir los principales factores de riesgo de padecer enfermedades como las de tipo cardiovascular y la diabetes.

4. Grasas añadidas
En el siglo XX varias enfermedades graves se volvieron comunes. La epidemia de las enfermedades cardiovasculares comenzó alrededor de 1930, la de obesidad en 1980 y la de la diabetes alrededor de 1990. A pesar de que estas enfermedades eran casi desconocidas antes, ahora se han convertido en los principales problemas de salud en el mundo, costando la vida a millones de personas anualmente.

Es evidente, a juzgar por el gráfico elaborado por el nutricionista Stephan Guyenet, que estas enfermedades se han disparado una vez que las grasas animales han sido sustituidas por manteca, margarina y aceites vegetales procesados.

5. Inicio de la pandemia de obesidad
Algunas personas todavía culpan a los alimentos tradicionales como la carne y la mantequilla de las enfermedades de la civilización, pese a que estos alimentos han proporcionado a los seres humanos buena salud desde hace mucho tiempo y culparlos de enfermedades nuevas no tiene sentido, conjetura el portal.

Este gráfico, del Estudio de Salud de las Enfermeras, muestra que mientras los estadounidenses reducían su ingesta de carne roja y de productos lácteos altos en grasa, iba creciendo la epidemia de obesidad.

6.  Mantequilla vs. Margarina
Antes, cuando todo el mundo empezó a señalar con el dedo a las grasas saturadas como causa de enfermedades del corazón, empezó a ser demonizada la mantequilla y otros productos lácteos altos en grasa. Nutricionistas de todo el mundo aconsejaban a la gente reemplazar la mantequilla con la margarina, que era baja en grasas saturadas, pero alta en grasas artificiales.

Esto, no obstante, llevó a un resultado opuesto. Mientras que la grasa saturada es inofensiva, frente a las grasas artificiales.

En el gráfico, basado en el Estudio del Corazón de Framingham, se puede ver cómo el riesgo de enfermedades del corazón aumenta a medida que la gente come menos mantequilla y más margarina.

Fuente: RT

Comer yemas de huevo es bueno para la salud

Un huevo grande contiene 190 mg de colesterol. Las autoridades sanitarias recomiendan consumir como máximo 300 mg de colesterol dietético (el que está presente en los alimentos) al día, para evitar enfermedades cardiacas, lo que quiere decir que comiendo dos yemas de huevo al día se sobrepasa el límite, incluso evitando cualquier otra fuente de colesterol (salchichas, embutido, paté, mantequilla, mayonesa, marisco…).

Una reputación lamentable

Las yemas de huevo tienen muy mala reputación en las consultas de los médicos y en los hospitales. Incluso hubo una campaña mediática a nivel mundial en agosto de 2012 que afirmaba que las yemas de huevo eran casi tan perjudiciales como el tabaco. (1)

Por eso no es ninguna sorpresa que, aunque se trate de un alimento delicioso, la yema de huevo sea considerada un producto prohibido entre los que quieren cuidar su salud.

Aún no lo he visto en España, pero en Estados Unidos muchos restaurantes ofrecen, a cambio de un suplemento (!), tortillas elaboradas sin yemas de huevo, hechas sólo con claras. Nunca he probado una de esas tortillas, pero a juzgar por su aspecto, no creo que estén muy buenas.

¡Opóngase a la guerra contra las yemas de huevo!

En mi opinión, todas las calumnias dirigidas a las yemas de huevo son escandalosas.

De todos los productos procedentes de los animales, el huevo es el que se produce de la forma más natural para su consumo. Comer huevos no perjudica en absoluto al animal que los pone. Ni siquiera hay que ordeñarlo.

Y es un alimento excelente para la salud.

Un consumo alto de yemas disminuye un 25% el riesgo de sufrir un accidente cerebrovascular hemorrágico. Se trata de las conclusiones de un nuevo estudio publicado en el British Medical Journal y se basa en los datos recogidos de 4 millones de personas, lo que constituye una muestra enorme. Por tanto, se puede considerar que los resultados son muy fiables. (2)

La yema de huevo es el alimento más rico en colina, de la que contiene 125 mg. La colina es un nutriente esencial para la formación del cerebro de los bebés, así como para el mantenimiento de las funciones cerebrales en la edad adulta.

La colina ralentiza el desarrollo del alzhéimer y la demencia. Es la precursora de la acetilcolina, un neurotransmisor que desempeña un papel muy importante en el control de los músculos y de la memoria. Algunos investigadores del ámbito de la psiquiatría de la universidad de Colorado (Estados Unidos), incluso han demostrado recientemente que un suplemento de colina en las embarazadas podría llegar a disminuir el riesgo de que el bebé desarrolle esquizofrenia, una enfermedad mental grave para la que aún no existe cura. (3)

También participa en la síntesis de la lecitina (o fosfatidilcolina), un componente indispensable de las membranas celulares y de la bilis, que ayuda a digerir los lípidos. El cerebro necesita 500 mg de colina al día. (4)

Por otra parte, la yema de huevo contiene luteína, que ayuda a reducir el riesgo de padecer degeneración macular, la causa principal de ceguera entre los mayores de 65 años. La luteína es un antioxidante que, según parece, bloquea o reduce los efectos nefastos de los radicales libres en varias partes del cuerpo. Los radicales libres pueden estar implicados en muchas enfermedades crónicas. Además, la luteína de la yema de huevo se absorbe mejor que la de las verduras de hoja verde.

Otra ventaja de la yema de huevo, ésta menos conocida, es que mejora el rendimiento deportivo. Así, según varios expertos, una alimentación rica en colesterol ayuda a acelerar la adquisición de fuerza y masa muscular en un entrenamiento físico. El organismo utiliza el colesterol para reparar las lesiones de las fibras musculares tras un entrenamiento, cosa que permite acelerar la recuperación y, por consiguiente, el progreso. Ello explica también por qué uno de los efectos secundarios de los medicamentos contra el colesterol, las estatinas, es el de disminuir la fuerza muscular y producir agujetas: ¡la falta de colesterol hace que los músculos sean más frágiles!

¡Los detractores de la yema de huevo le están engañando!

Los estudios que afirman que las yemas de huevo son perjudiciales para la salud no son serios, pues se basan en hipótesis falsas.

Afirman equivocadamente que:

  1. El colesterol dietético aumenta el nivel de colesterol en sangre. En gran medida, eso es mentira, ya que el colesterol en sangre lo produce, principalmente, el hígado.
  2. El colesterol es la causa de las enfermedades cardiacas. Eso tampoco es cierto, y cada vez son más las personas que lo reconocen abiertamente, aunque sea un secreto a voces que todo el mundo conoce desde hace décadas en los círculos documentados de la medicina natural. El colesterol es una enfermedad inventada -o al menos promovida- por los laboratorios farmacéuticos con el fin de vender productos contra el colesterol a personas sanas, a las que les provocan problemas musculares y trastornos de la memoria, sin que reduzcan en absoluto el riesgo de padecer una enfermedad cardiaca. (5)

La buena imagen de la yema de huevo, al fin recuperada

El que las yemas de huevo no son peligrosas para la salud también ha sido demostrado por otro estudio, bastante más serio que otros estudios que demonizan el colesterol, recientemente publicado en el British Medical Journal. (6)

Se demostró que los estudios que defendían la peligrosidad de las yemas de huevo se basan únicamente en datos de personas diabéticas. Por tanto, las yemas de huevo aumentan el riesgo de padecer una enfermedad cardiovascular solamente si se es diabético, es decir, si el cuerpo no produce la cantidad de insulina suficiente o si se ha desarrollado resistencia a ella.

En el resto de casos, ahora sabemos que el consumo de yemas no tiene ninguna relación con el riesgo de padecer trastornos cardiovasculares.

Un matiz

No obstante, hay un punto que me gustaría matizar, ya que es importante: hay que seleccionar huevos de muy buena calidad. Por ello, debe consumir siempre huevos de gallinas criadas al aire libre y alimentadas a base de alimentos biológicos, principalmente semillas de lino.

Si las gallinas se crían de forma biológica, se pueden alimentar de bichitos de la tierra (gusanos, etc.), que son fuente de omega-3. También es probable que, como el ser humano, las gallinas que hacen más ejercicio físico produzcan, de forma natural, más ácidos grasos omega-3 de cadena larga que las pobres gallinas que están encerradas en una nave.

Finalmente, las semillas de lino, ricas en omega-3, se digieren mejor en el estómago de las gallinas que en el de las personas. De este modo, el omega-3 que contiene la yema de los huevos biológicos pasa a nuestro organismo.

Por ello, y como conclusión, recuerde que puede consumir sin miedo huevos en tortilla, revueltos o fritos, sin olvidar mis preferidos: los huevos pasados por agua.

¿Qué opina de este artículo? ¿Está de acuerdo? Le invito a compartir su comentario con el resto de lectores de Salud Nutricion y Bienestar un poco más abajo.

Fuentes

  • Estudio realizado en la Universidad de Western Ontario (Canadá) dirigido por el Dr. David Spence.
  • Rong Y, Chen L, Zhu T, Song Y, Yu M, Shan Z et al. Egg consumption and risk of coronary heart disease and stroke: dose-response meta-analysis of prospective cohort studies. BMJ 2013; 346:e8539.
  • Ross RG, Hunter SK, McCarthy L, Beuler J, Hutchison AK, Wagner BD, Leonard S, Stevens KE, Freedman R. Perinatal choline effects on neonatal pathophysiology related to later schizophrenia risk. Am J Psychiatry. 1 de marzo de 2013; 170(3):290-8.
  • Choline.
  • Véase Philippe Even, «La vérité sur le cholestérol», ediciones Cherche-Midi, febrero de 2013, así como las numerosas obras del profesor Michel de Lorgeril.
  • Véase fuente n° 2.

Fuente: saludynutrición

Puedes ver más información en este artículo de Josep Pamies:

http://joseppamies.wordpress.com/2009/11/13/la-mentira-del-colesterol-o-como-inventarse-una-enfermedad/#8230

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